martes, 13 de agosto de 2013

Olor a lluvia


La lluvia corretea a mi lado, como si hoy las nubes quisieran llorar para siempre. El aire lo sopla todo lejos, y así me deja aquí, a mí, sin nada más que yo. Huele a lluvia. Nunca he podido describir como huele la lluvia. Pero estoy segura que se puede calificar perfume. Huele a nuevo. A limpio. A empezar de cero. Tal vez es eso, que las nubes quieren limpiarme de todo lo que me recuerda a él. El sol me da un descanso, me deja sin calor, porque eso sí que lleva nostalgia y recuerdos. Y ando, bajo la lluvia. Es muy fina así que no duele. Y esta fría. Y me resbala por los brazos hasta caer al suelo en un charco que rodea mis pies. Nunca me han gustado los paraguas. No entiendo el porqué protegerse del agua, si es lo que nos mantiene con vida. Y miro arriba y las gotas se meten en mis ojos y lo veo todo borroso. Y aunque no me doy cuenta, la gota que se desliza después por mi mejilla ya no está fría, ahora es salada. 

Cristales y nada

Todo lo que éramos ahora ya no es nada. Y me siento como si hubiéramos saltado de esta ventana y estuviéramos cayendo, entre mentiras y al final verdades. Se clavan como los cristales que caen con nosotros. No puedo contener ya ni el aire, me salen los gritos y los golpes que nunca recibiste. Siempre me lo guardé para mí. Pero ahora me doy  cuenta, me doy cuenta que nunca se ha tratado de nosotros, sino de ti. Yo no formaba parte de nada, yo no decidía nada. Es mi vida y ya no puedo más teniéndote en ella. Desaparecías y al volver esperabas que siguiera todo igual. No es justo. No eres justo. Y por eso ahora caemos, caemos y yo quiero tocar el suelo para levantarme y echarme a correr. Lejos de todo esto. Lejos de ti. No quiero romperme más. No puedo.

Tal vez ya es hora de ser libre


Todo lo veo de todas formas. Todavía no he respirado este aire. No tengo claro si quiero que me dejes ir o te tengo que dejar ir yo. Porqué todavía te siento pero cada vez más imperceptible. Puede que ni siquiera te necesitara, puede que me convenciera a mi misma que había algo cuando no sentía nada. Puede que hiciera eso para no tener que encontrar nada real. Porqué al tenerte lejos sabía que no me dolería más que eso. No quería arriesgarme a encontrar alguien de verdad. A querer de verdad. Puede que me hayas hecho un favor. Tal vez es hora ya de ser libre. Tal vez es hora de dejar de ser cobarde.

Problemas en una oración


Mi teoría es que solo existe y sabes el problema cuando te cabe en una simple oración. Piénsalo, así al menos reflexionas antes de dar por hecho que hay un problema. Porque a veces queremos arreglar algo cuando no sabemos qué está mal. A veces no hay nada malo y solo queremos acabarlo. Si no puedes meterlo dentro de una frase, todavía no has pensado lo suficiente. Es como pasarlo por un colador. Para que todo el resto se quede fuera y te quedes con lo principal. Porque dime ¿puedes dar una respuesta sin saber la pregunta? Sería como dar las gracias sin haber hecho nada. Y ahora formúlalo de otro modo: ¿Puedes buscar una solución si no sabes el problema?

Demasiado

Me siento como cuando mezclas los colores de la plastilina y queda una masa de color oscuro. Ni azul ni negro ni marrón. Solo oscuro.
Me siento como si hubieran cogido mi mundo con las dos manos y lo hubieran removido. Mi mundo en un batido. Y ahora no encuentro donde estaba todo.
Me siento perdida en medio de mi casa. Perdida entre las carcajadas que no siento. Perdida en un lugar que me conozco demasiado.
Me siento como si él me hubiera empujado hacía un rincón y hubiera gritado todo el silencio que me dedica. Como si me hubiera mirado con esos ojos de desprecio mil veces más de las que lo ha hecho.
Me siento estúpida por creer las palabras que salieron de su boca entre vahos de alcohol.
Me siento una niña, inmadura, sin experiencia, que no conoce el mundo que la rodea y se deja engañar.
Me siento sin ganas de moverme por nada cuando no me doy cuenta que puedo tenerlo todo, todo lo que necesito. Puedo tener a mi gente, puedo tener mis palabras y puedo tenerme a mí misma.
Me siento como si tuviera que cerrar esto pero la puerta pesara demasiado para moverla sola.
Al final me doy cuenta que el problema es que siento demasiadas cosas.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Las mentiras no sirven


No pulses la pausa. Al ritmo me bailan los pensamientos. No lo pares, deja fluir todo esto. No intentes atascar los sentimientos que sé que por ahí están, dentro de tu cabeza, en el rincón más oscuro. No me mientas, no te miento. Deja que toda la verdad sea realmente verdad, acéptalo, y así se podrá acabar. Es fácil. Cuando evitas algo es cuando más te topas con ello. Dilo, di que estamos aquí, tu y yo, y que hay gravedad, que no todo fue en vano. Que las palabras no eran mentira. Que todo va a seguir igual pero al menos vamos a tener claro como van las cosas. No pido un comienzo, ni un final, pido un simple " vale, hay un nosotros". Pido que no haya mentiras, me da igual si dejas aquí el dolor. Porqué en el fondo me gusta, porque el dolor lo puedo usar en mis palabras. Las mentiras nunca han servido para nada.

Lluvia en Nueva York


Hoy llueve en Manhattan, el agua ahoga la calle y resbala por los paraguas que bailan al son del horario occidental. Las luces se asoman por la ciudad, como si la oscuridad de los callejones sin salida les asustara. La melodía de una vieja canción se oye en una vieja taberna, donde viejos y nuevos comparten una nueva copa, igual de sabor a madera y alcohol fermentado. Entre cartones algunos se cantan las buenas noches. Y salen las brujas, en cuero y pintalabios rojo, a hechizar príncipes que nunca fueron azules. Una mujer mira por la ventana y todo lo que puede ver son metales y óxido. Esa es su ciudad. Y es irónicamente gracioso que es la misma ciudad, cuna de moda y batidos sin azúcar, la misma ciudad donde Prada y Dior confirman el mito. Que en Manhattan hay de todo. Pobres, ricos, mil colores. Y aún que unos piden en vaso de papel lo que otros se gastan en vaso de cristal, aquí siempre llueve para todos.